Nasty Night Fever
Autor: Pablo Hentschel

La primera vez que fui a Apolo fue absolutamente imprevista. Estaba pasando unos días en Barcelona con mi compañía de teatro, y gracias a que mis compañeros no sabían funcionar como seres humanos, perdí el avión de vuelta y tuve que quedarme unos días más en Barcelona, sin dinero y con fiebre.

Una amiga me había hablado de Nasty Mondays, y le pedí que me llevase para olvidar mi desgracia. Así que, tras disfrutar de unos mojitos, y tequila que podría contener trazas de serpiente o no, nos dirigimos a Apolo.

Una vez allí, la combinación de fiebre y bebida me estaba dejando un poco KO, y la música no me estaba ayudando. Hasta que en un momento sonó ‘Stop’, de Jane’s Addiction, y mi cabeza hizo chim-pum-flas: me puse a saltar, a gritar, a bailar y a cantar. Ya no había fiebre. Sólo sexy, y sexo. El día después volvía a haber fiebre. Y casi pierdo el avión.

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