Entrevista a Gabi Ruiz (Nitsa/Primavera Sound)

«Si eres el más moderno de Barcelona, lo que escuchas ahora se va a parecer a lo que se oía hace 20 años».

Texto: Eva Espinet

Con Nitsa Apolo, Gabi Ruiz y Alberto Guijarro se adelantaron a su tiempo. Fueron capaces de intuir qué grupos y DJs llegarían a hacer cosas interesantes en el futuro dentro de la música de club. Y entre las cuatro paredes de Apolo, lograron concebir un festival que rompía los moldes establecidos y que hoy se confirma como el mejor festival del mundo entre los profesionales del sector (Time Out), el Primavera Sound. Para ambos, “el Primavera” —como llaman a su criatura— será una consecuencia natural de todo este proceso. Precisamente, de este proceso musical labrado durante 25 años, nos habla uno de sus factótums, Gabi Ruiz.

La curiosidad, las ganas de descubrir e indagar en otras músicas, el inconformismo, huir de etiquetas, ¿todo eso se lleva en los genes..?
A principios de los años ochenta escuchaba Echo & The Bunnymen, Siouxsie, The Cure… Empecé a entrar a la música por esa vertiente, escuchando cosas no tan comerciales. Conseguí que mi padre me comprara un tocadiscos y de vez en cuando algún disco. Desde niño me ha acompañado la música que me ha gustado a mí, no la que le gustaba a los demás; ya era un niño rarito (Risas). Tenía amigos heavys, punks, post-punks, de la new age… escuchaba un poco de todo lo que ellos seguían, aunque no era mi música.

Era una época donde las tribus urbanas estaban muy marcadas.
Sí. Conseguí no ser de ninguna tribu y eso es lo que me hizo un poco diferente.

“Desde un perfil más amateur comencé a organizar conciertos de grupos españoles que estaban empezando. No había un tejido de salas como hoy en día”

¿Recuerdas el día que te relacionaste de manera profesional con la música?
No te podría decir un día, fue sucediendo poco a poco. Desde un perfil más amateur comencé a organizar conciertos de grupos españoles que estaban empezando. No había un tejido de salas como hoy en día. De la información de los fanzines me llegaban maquetas de grupos y yo les echaba un cable. Fui mutando hasta que me hice profesional, pero sin un punto de inflexión concreto.

Muchas de las nuevas generaciones que bailan en el Nitsa seguramente no saben que hubo antes otro Nitsa, el “Giratorio”…Entonces programaba conciertos en una sala mítica que estaba al lado del instituto donde estudiaba, el Comuniqué de Hostafrancs. Vimos que los conciertos funcionaban y comenzamos a programar en la sala KGB. Así se empezó a mover el indie primigenio. Conocí a Sideral (Aleix Vergés)… todo el mundo se fijaba en lo que estábamos haciendo y entonces llegó la posibilidad de trasladarnos al Nitsa de Carles Flavià, en la plaza Joan Llongueras. Programé algunos conciertos y llevé a pinchar a Sideral que entonces tenía dieciséis o diecisiete años. Ahí se empezó a forjar su leyenda… Aleix tenía muchísimo carisma.

¿Qué disc-jockeys pasaron entonces por aquel Nitsa primigenio?
Fra, Coco, figuras internacionales como Laurent Garnier, Jeff Mills o Darren Emerson… Entonces, era algo fuera de lo normal. Todavía no había llegado a Barcelona el concepto ‘clubbing’ y nosotros conseguimos que la gente fuera a Nitsa a ver al disc-jockey como si fuera a un concierto. Recuerdo que, al principio, cada sala (arriba, Don Chufo, abajo Nitsa) tenía sus discos y el DJ pinchaba lo que había. Después comenzaron a llegar los Dj invitados con su maleta de discos, con su propia música. De esta manera es como el disc-jockey pasó a ser el centro de la fiesta y a tener sus seguidores. No había ninguna otra oferta parecida en Barcelona y en nada aquel local se quedó súper pequeño.

Un día apareció por allí Alberto (Guijarro), que entonces montaba conciertos con Producciones Animadas y Apolo le había contratado para llevar la programación. Nos llevamos muy bien y un día me comentó que si tenía algún problema con la sala, podíamos hacer algo en Apolo. Así surgió Nitsa Apolo.

¿Recuerdas el primer día que pisaste Apolo?
Conocía Apolo porque anteriormente había ido a conciertos. No obstante, tengo grabado el día que hicimos la primera sesión de Nitsa. Íbamos a pasar de un aforo de trecientas cincuenta personas del Nitsa “Giratorio” a una Sala Apolo con capacidad para mil personas. Teníamos miedo de que aquello no cuajara. Llegamos a la puerta antes de que empezara la sesión y nos encontramos con una cola que daba la vuelta a la manzana. Me pasé toda la noche en el camerino reflexionando sobre lo que estaba pasando, no lo entendíamos. Había mucha gente en la pista, demasiada y me agobié un poco. Estábamos asustados porque no éramos personas de mucha gente. El Nitsa “Giratorio” era guay porque éramos poquitos. En realidad, nunca me ha gustado ir de discotecas, ni las grandes multitudes. Trabajábamos por la noche pero no éramos gente de la noche, teníamos poca picardía. A nosotros lo que nos gustaba era la música, éramos promotores.

Entonces, Apolo también empezó a cambiar como sala, se estaba transformando. Conseguimos que compraran un nuevo equipo de sonido, cambiar la decoración, la iluminación, estaba en un estado bastante decadente, no teníamos ni techo, era una simple uralita. Tanto Apolo como Alberto hicieron lo posible para que la sala tomase un nuevo rumbo. Tuvimos que hacer obras y el tiempo que duraron, la sala abría sin techo… Era otra Barcelona también, hoy sería impensable (Risas).

Antes, la gente llegaba un viernes a Nitsa diciendo: “Vamos para dentro, a ver qué suena”. Ahora, la frase es: “Veamos lo que hay esta noche y, si nos mola, vamos”.

Volvamos al Nitsa Club de Apolo, ¿Cómo fueron los 2000?
Nitsa y Apolo crecieron juntos. Apolo pasó de ser un club de barrio y Nitsa una sesión de amigos, a ser referentes europeos. Programábamos disc-jockeys internacionales que pinchaban en el Rex de Paris o en el Tresor de Berlín. Por mucho que hubiera competencia, tanto Nitsa como Apolo tenían y siguen teniendo algo especial.

A partir del 2008, con la crisis, los jóvenes ya no podían pagar 20€ para ver a un DJ. La cultura de club tenía sentido en los 90, cuando todo el mundo tenía pasta, en el 2010 eso ya no pasaba. Ahora se han cambiado los hábitos. La gente joven no se encuentra con sus amigos en un club el viernes por la noche. Es otro tiempo. A partir de aquí, el destino de los clubs, veremos cómo va.

¿Y ese cambio se ha dado también en la escena musical?
No ha habido una renovación tan radical. Está por llegar. Ha salido el trap y tal, pero aun faltan cosas. Si eres el más moderno de Barcelona, lo que sigues ahora se va a parecer a lo que se escuchaba hace veinte años.

Quieres decir que hay una especie de revisión de géneros y músicas…
Sí, estamos revisando todo lo que fluctúa entre los años 80 y los 2000. A nivel internacional lo que más está pegando es el urban poppero esto aquí no se ha asentado.

Esta revisión musical puede hacer que generaciones anteriores vuelvan a bailar de nuevo su propia banda sonora…
Mucha gente de mi generación, acostumbrada cuando era más joven a ir a Apolo, hoy acaba las noches aquí. La diferencia es que ahora tienen tres hijos y salen una vez al mes, como mucho. Lo que ha cambiado es la manera de salir. Antes, la gente llegaba un viernes a Nitsa diciendo: “Vamos para dentro, a ver qué suena”. Ahora, la frase es: “Veamos lo que hay esta noche y, si nos mola, vamos”.

Siguiendo con los inicios de Nitsa en Apolo, de nuevo el local se os queda pequeño…
Desde que Nitsa llega a Apolo se forman largas colas en la calle y mucha gente se queda fuera sin poder entrar. Recuerdo a miembros de U2 o de Depeche Mode en Nitsa. Era el club donde tenías que estar. En seguida, se quedó pequeño, y lo bonito es que se ha mantenido como nació.

¿Concibes Nitsa sin Apolo?
Hoy en día ya no. Alberto es como mi hermano e, incluso, los socios de ahora son hijos de los socios con los que empecé. Somos una gran familia. Estamos ahí los unos por los otros.

Defíneme tu relación con Alberto Guijarro, director de la Sala Apolo.
Alberto es uno de mis mejores amigos. Es una persona con la que siempre hemos formado buen equipo. Yo soy muy impulsivo y Alberto es todo lo contrario. Si no hubiese tenido a Alberto a mi lado, no hubiera realizado las cosas que he tenido la suerte de hacer. Es una persona que no se droga, ni bebe, muy seria, a la que puedes confiar un proyecto importante. Tener una persona así, nos ha dado mucha ventaja. Yo soy insoportable y Alberto sabe tratar a la gente (Risas). En este tándem yo tenía la libertad musical y él la protocolaria, por decirlo de alguna manera. Sin la perseverancia de Alberto, Apolo no sería nada.

¿Y qué os caracteriza como familia Nitsa-Apolo?
Por mucho que hayamos crecido, los valores iniciales son los mismos que los de ahora. Y son esos valores y nuestra manera de pensar los que nos han llevado a dónde estamos ahora. Cuando hablan de nosotros, lo hacen como si fuéramos una “mafia”, pero eso no es verdad. Me juzgan por el éxito y no por el trabajo realizado.

¿Cuáles dirías que son los ingredientes de vuestro éxito?
En primer lugar que nos flipa la música. Por otro lado, que toda nuestra trayectoria profesional nos la hemos tomado muy en serio desde el principio. Era nuestro trabajo. Nos queríamos jubilar en esto.

 

¿Cuáles serían tus momentos destacados en Nitsa Apolo?
Cuando Sideral cerraba una sesión que le había salido muy bien, cogía un disco y lo lanzaba a la gente. Sonaba la última canción y el tío se ponía a bailar entre el público. Era increíble.

Otro momentazo fue la sesión especial de Rephlex de Aphex Twin (1998), que revolucionaron la música electrónica de los 90. Es un tío extraño (Richard James) y su música lo es más. Le acompañaba un grupo muy freak, todo muy excéntrico. Cuando se acabó el concierto dejaron la música súper fuerte, creando el caos, muy apocalíptico, y decidimos no dejar salir a la gente para que se sintiera realmente atrapada. Fue lo más vanguardista y radical que pasó en aquel momento.

También fuiste testigo de la primera edición del Sónar de noche que se celebró en Apolo…
La etiqueta de “Música Avanzada” fue muy correcta en su día, iban con un pie por delante. Aunque es verdad que “pintaron demasiado la mona”, yo creo que el festival fue necesario. Nosotros lo hacíamos todo más underground y ellos lo hicieron más arty. Fue un paso importante para que Barcelona se convirtiera en referente de la música electrónica. Me quito el sombrero ante Sergio Caballero que lo ha gestionado de maravilla y ha hecho algo muy grande de Sónar.

Toda nuestra trayectoria profesional nos la hemos tomado muy en serio desde el principio.

Tú y Alberto Guijarro lograsteis también generar un festival que se saltó todos los esquemas y que hoy, cumpliendo casi la mayoría de edad, el Primavera Sound es el it de los festivales…
El Primavera fue una consecuencia natural de todo eso. Nosotros estábamos en Benicàssim, los Albertos con el Doctor Music… El Doctor Music se dejó de hacer y nosotros estábamos bien en el FIB pero, claro, tampoco era nuestra casa. Nuestro propósito allí ya estaba cumplido con creces. Las oficinas de Nitsa estaban en el piso superior de Apolo y hablando con Alberto empezamos a darle vueltas a la idea. Una cosa llevó a la otra y aquí estamos…

Como dice uno de los veteranos del Nitsa Club, DJ Fra, quién también forman parte de la “escudería” del Primavera Sound, «el festival ha ido creciendo y hoy el Primavera Club de Apolo es una cita ineludible dentro del festival. En Apolo se realiza la apertura del festival con varios conciertos previos y la clausura final con la fiesta del domingo, algo que hemos hecho cada año. Me cuesta imaginar un Primavera Sound sin Apolo».

¡Ya huele a Primavera en Apolo!

*Ho sentim, però aquest contingut nomès està disponible en castellà.*

Comparteix