Entrevista a Puy Ruiz de Alda (DJ Chica Barata) y Luis Alcalá, dos de los creadores de Churros con Chocolate

“En Churros todo vale y todo cabe”

En octubre de 2015, la revista Time Out destacaba las diez mejores fiestas de la escena gay y lésbica en Barcelona, colocando en primer lugar a Churros con Chocolate de la Sala Apolo. Una vez al mes, Apolo lleva la fiesta más petarda al máximo exponente. Es más que una sesión musical, es una verbena transgresora, con música sin etiquetas donde cualquier cosa es posible.

Texto: Eva Espinet
Fotos: Archivo Churros con Chocolate

Unas banderolas cruzan de lado a lado la sala recordando a todos que están a punto de vivir una auténtica verbena. En un punto de la pista, un toro mecánico invita a los más osados a salir despedidos nada más cabalgarlo. De pronto, una descarga de confeti provoca una locura colectiva, suena Zombies, cantada por unos sui generis Cranberries, que lleva al éxtasis a varios zombis que se comen a besos. Es una fiesta llevada a su máxima expresión, con un punto arty, espontánea, diversa; una sesión musical sin complejos que rompe con todos los estereotipos. La pasión se enarbola como bandera, con el espíritu de Raffaella Carrá sobrevolando la sala; con actuaciones en directo de disc jockeys, de grupos sorpresa, donde el público puede subir al escenario y convertirse en estrella. Una Conchita Wurst sube al entarimado y la pista se rinde a una catarsis colectiva. Esto sólo es posible si es Churros con Chocolate.

Nacida durante la crisis económica de 2010, en un momento también de crisis personal y de cambio para sus artífices, Lluís Alcalá, Puy Ruiz de Alda (DJ Chica Barata), Manuel Ponce y María Emilia Miquel, Churros con Chocolate surge de una inquietud por crear una movida en Barcelona como las que se dan en barrios como La Latina de Madrid. Lluís Alcalá rememora esa etapa que lo cambió todo: «Observamos que había huecos en el ocio de Barcelona que nadie se atrevía a cubrir, organizar algo un domingo por la tarde para aquellos que tienen ganas de vivir la calle, la fiesta. En aquella época viajábamos a menudo a Madrid y pasábamos los domingos en La Latina que entonces estaba en auge. Existía ese rollito de tarde, de copas después de comer, de cerveceo en la calle y en locales con la música muy presente, como una verbena continua. Yo le decía a Manuel “esto tiene que llegar a Barcelona”. Queríamos olvidarnos de la crisis, de nuestros problemas y volver a divertirnos en la calle».

La primera oportunidad surgió en el Freedonia del Raval barcelonés. Puy, aka Chica Barata, dinamiza la fiesta mientras pincha con el equipo que trae de su casa, siguiendo la filosofía del “Do it Yourself”. «Queríamos hacer algo familiar, muy espontáneo, pinchar música de verbena un domingo por la tarde, con entrada libre y cervezas a dos euros. A primera hora obsequiábamos al público con churros con chocolate y regalitos. ¡Así surge Churros con Chocolate! Las primeras fiestas fueron más tipo verbena y luego empezamos a hacerlas temáticas. Era una sesión musical de “todo vale” porque podías poner tanto un Georgie Dann como una Marisol o, de repente, AC/DC o a Kylie Minogue. El público fue creciendo hasta que el espacio se nos quedó pequeño», a aquella incipiente organizadora de eventos, la buena acogida de la gente le impactó. Entre los asistentes asiduos estaba Ferrán Camarasa, DJ Ferdiyei, responsable de la sesión Somoslas de la Sala Apolo, quien les anima a dar el salto a La (2) de Apolo.

Puy viaja a ese momento entre bambalinas, es septiembre de 2012 cuando dan el gran salto. Una impagable drag queen que es una mimesis de Rocío Jurado escenifica Como una ola sumida en dramáticos gestos. Seguidamente, unos mariachis muy “machotes” provocan al personal con sus rancheras de afinada pluma; mucha purpurina, taconazos y pelucas de colores, explosiones de luz y color, mucho gay, y también no gay, disfraces esperpénticos, camisetas ajustadas y en la pista el público se desmelena al ritmo de una música muy petarda: “Vamos hoy a divertirnos, yo te pintaré un bigoteee, necesito un buen azote…”. «El factor sorpresa unido a la fiesta, con la “bizarrada” de turno, abrió los ojos a la gente, que decía “¡Gua! Esto es una fiesta de verdad!” La gente flipaba. Nuestro planteamiento siempre fue llevar una fiesta de pueblo, quizás más castiza, a una sala» destaca Puy. Una movida marcadamente gay aunque abierta a todos. «Nosotros siempre decimos que la escena gay en Apolo y en Barcelona es muy transversal y no responde a ningún gueto», constata Lluís que se reafirma diciendo que la clave del éxito «está en la participación del público en la fiesta y el boca a boca: “Como le he dicho a mi amigo que la fiesta está muy bien, me disfrazo, participo y hago lo posible para que sea divertida”. Notas que la gente quiere que la fiesta salga muy bien y, sin duda, es lo que es gracias a Apolo».

Y en cuestión de un año, de La (2) a la sala grande de Apolo. «Ese día entraron unas mil personas, fue alucinante. La sala respondía muy bien a nuestra idea original de cómo tenía que ser la fiesta. Un teatro antiguo con sus lámparas rojas que bajan, que suben, con su palco, donde le pega mucho colgar banderolas, tener una merendola en el escenario…». Puy señala que uno «se puede encontrar con un “Castell” humano escalando las alturas de Apolo, un coro rociero al completo, una batucada de “dimonis”, provocando una “mascletà” sonora brutal o una tía loca en el escenario, que soy yo, dinamizando la fiesta».

En la cuarta temporada de Churros, la fiesta da un paso más con la Anti-Churros en La (2), la sesión que le intenta hacer la “competencia” a Churros con Chocolate, con música de calidad y ambiente de club, de gente bailando electrónica, con disc jockeys invitados, como Jordi Cruz y el propio Manuel Ponce pinchando. La Anti-Churros inicia la tarde con música indie, evoluciona hacia la electrónica y acaba con el techno más “oscuro” o en algún momento puede verse interrumpida por un live o un concierto. Desde las seis de la tarde hasta las seis de la madrugada, música non stop, con un público diverso que sigue propuestas actuales como el trap.

Subes las escaleras y vuelves a la sala principal donde la locura es total. «En nuestra fiesta hemos tenido a Dolo de Pastora y sesiones con Marc de Dorian. También han venido artistas como Camela. ¡Cantar los himnos de Camela y además gratis! Recuerdo que Dioni (de Camela) nos decía “¡Ah! Pero, ¿es gratis? ¡No sabéis dónde os habéis metido!”, exclamaba preocupado. Apolo con el aforo completo es una fiestón sin fin. «Ahora es cuando más me emociono y más contento estoy, cuando traemos un directo, porque lo otro está muy bien, pero esto es subir un peldaño más en esta profesión y ahora decimos: “En Churros todo vale y todo cabe”», explica Lluís con la humildad del que sabe que hay que seguir echando leña a la locomotora para no perder fuelle. Aquí también han venido a divertirse los bailarines de Lady Gaga; Jordi Cruz, presentador del programa Art Attack, Guille Milkyway DJ de La Casa Azul, Reina, Alex Metric, Ladilla Rusa, Hidroboy o Ley DJ.

Con el paso del tiempo, Churros con Chocolate ha originado una nueva forma de entender el ocio en Barcelona, ha creado escuela y hoy la competencia en torno a esta sesión, en contra de perjudicar, no ha hecho más que beneficiarles, así lo confirma Chica Barata, cuya mente no descansa buscando nuevas ideas para el siguiente espectáculo: «La gente se fija en nosotros a la hora de montar una fiesta de estas características. Es inevitable que la gente lo quiera intentar. Hay fiestas de “Churreros” que hacen “La Previa”, las monta en su casa o en espacios como La Federica, y después se vienen al “Churros” de Apolo. Sabemos también que ha habido fiestas “Post-Churros”. Que la escena te acoja, te copie y te anime, forma parte de nuestra biografía y lo queremos mantener así, porque vemos Churros para rato».

Ho sentim, però aquest contingut nomès està disponible en castellà.*
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