Entrevista a Angel Dust: Dj referente en la historia de Apolo

«Apolo es ese lugar al que siempre regreso»

 A mediados de los ochenta, el DJ mexicano Profesor Angel Dust llegó de pinchar en los principales clubs de Toronto a una Barcelona yerma de clubs. Siempre avanzado a su tiempo, supo exprimir su origen e influencias externas para labrarse una larga trayectoria pinchando en clubs y festivales de referencia, compaginando su labor de DJ con la de productor, músico y cantante. En los platos imprime un estilo ecléctico inconfundible y muy personal, que combina electro, hip hop, breakbeat, latin, jungle, drum´n´bass y mucho funk. Ahora estrena una nueva etapa como cantante con WarmGun mientras presenta su primer álbum, Inside.

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De México DC a Toronto pasando por Nueva York y Londres ¿Qué te llevó a Barcelona, una ciudad donde apenas se pinchaba electrónica?

En el año 90 producía música electrónica en Canadá y era miembro de Bambi con el que fuimos a actuar a Londres. En aquel momento, yo buscaba lugares en Europa donde se estaba iniciando la cultura de club. Mi familia vivía en Barcelona, mi hermano Diego Lippo pinchaba en el San Francisco —el antro entre los antros— donde se relacionaba con los primeros movimientos de clubbing y con ‘los Albertos’ de Producciones Animadas, que programaban sus primeras fiestas en este local, en el Monumental y luego en el Apolo. Llegué con una idea romántica de la ciudad, influido por mis inquietudes artísticas y era como volver a mis raíces latinas. Nos habían vendido Barcelona como el nuevo Berlín, de hecho era una ciudad inquieta, muy creativa, con ganas de hacer cosas pero se quedó solo en eso. Yo era un guiri en esta ciudad, el circulo catalán era muy cerrado y a mí me costó adaptarme, pero me enamoré de Barcelona.

Cuando aterricé lo primero que hice fue contactar con Sergio Caballero y Enric Palau, entonces Jumo, y empezamos a hacer cosas juntos. En breve iban a ser los propulsores del Sónar (1994). Todos los extranjeros que veníamos de Nueva York, París, Londres o Tokio, ya fuéramos artistas, fotógrafos, directores, músicos, gente muy inquieta, nos encontrábamos en el San Francisco donde se hacían muchas cosas y muy locas. Ese ambiente pasó al Apolo y explotó con las fiestas Bots en el año 91.

¿Qué tenían de especial aquellas fiestas Bots en Apolo, muy recordadas por toda una generación?

Eran fiestas muy, muy, muy salvajes, muy locas, muy fellinescas donde se podía colocar una red gigante, mirabas hacia arriba y veías a performers semidesnudos, travestis disfrazados, gogós, personajes estrafalarios que actuaban con fuego y hacían cosas que hoy no se pueden hacer. De pronto, la pista se llenaba de agua, arena, fuego y bajaba una nave espacial con un rollo muy funcharelli, lo que hiciese falta para que fuese lo más cool, con músicos, artistas, bailarines, todo con un espíritu muy neoyorquino. Entonces, Apolo no estaba insonorizado y las fiestas se desfasaban hasta las siete de la mañana. Crecieron tanto que el Ayuntamiento flipó, pensaban que todo aquello se iba a caer. Las noches de Bots fueron increíbles, mucha de la gente que las vivió todavía las recuerdan como algo único en las que podía suceder cualquier cosa. Fue el momento de Oye, ¿cómo va? que catapultó mi carrera.

“Tuve una carrera vertiginosa, di una patada muy grande, pinchaba mucho y, en muchas ocasiones, lo hacía en Apolo”

¿Cómo era la escena de Barcelona?

En ese momento, la música electrónica no se entendía y menos la cultura de club, no existía. Se hablaba de discotecas y de música disco, al DJ se le consideraba como un camarero más de la sala. Son los albores de todo, del Sónar. La gente salía para formar parte de algo, para pertenecer a un club, en busca siempre de cosas nuevas, era nuestro sueño. Fue un momento muy bonito. Hoy, la cultura de clubs ha muerto en Barcelona. Lo digo yo, pero también Sergio (Caballero) o Alberto (Guijarro).

A tu faceta de DJ se suma la de productor y cantante…

Formaba parte de ON con el que firmamos un contrato discográfico con la Warner. Me trasladé a vivir a Estocolmo durante un año y medio donde lanzamos el álbum From Now On bajo la producción ejecutiva de Malcolm McLaren —el padrino del punk—. La producción del disco fue muy compleja y cara. Entonces ya nos salíamos de los parámetros, tocábamos hip hop que apenas se oía y nos asesoraron mal, nos dijeron que este género iba a ser algo pasajero. A pesar del éxito del álbum, yo quedé desencantado de la industria, de las grandes multinacionales. No quise quedarme atrapado en el grupo, repetir otro disco sin dar tiempo al primero para que se escuchase y finalmente nos disolvimos.

Y comenzó tu carrera fulgurante como DJ…

Regresé para volver a pinchar como disc jockey y enfoqué mi carrera como DJ Angel Dust. Comencé a pinchar en varios festivales y hacer varios conciertos en el Apolo con Albert Salmerón (Producciones Animadas) y Cosmos Records, además de seguir produciendo música hip hop. Fue la primera vez que trabajé como DJ para un sello discográfico. Para ellos, también fui el primer DJ bajo este sello. Hice la promo con DJ Kosmos y con DJ Sideral.

Fiestas Bots en las que Angel Dust pinchaba                                                  Fiestas BOTS

¿Cómo fue esa primera época como DJ en Apolo?

Recuerdo pinchar con Aleix (Sideral) a cuatro platos, fueron conciertos increíbles, inolvidables. Poníamos mucha pasión en lo que hacíamos, en innovar y experimentar pero sobre todo en vivir ese momento en el que estabas aportando ideas nuevas cuando cada sesión era algo novedoso. Cada artista tenía su propia música, principalmente aquellos que queríamos dar nuestro toque personal, que se pudiera descubrir música a través de cada uno de nosotros. Tuve una carrera vertiginosa, di una patada muy grande, pinchaba mucho y, en muchas ocasiones, lo hacía en Apolo.

Llegasteis a versionar bandas sonoras para películas mudas en Apolo, en unas sesiones llamadas Scratching Movies

En esas sesiones se colocaban unas gradas, tal como hace ahora Javi Verde en la Filmoteca, se proyectaba una película y nosotros poníamos la música. Pinché con Albert Masferrer (Kosmos) y con Sideral a cuatro platos. Tanto Aleix como yo éramos muy abiertos en el plano musical y en las sesiones de cine podíamos subir cualquier cosa, desde electro americano a grabaciones raras, new wave para pasar a un tema punk o hip hop y después house, latin o disco pero cada uno con su estilo.

Yo era muy free styler, venía de la escuela americana, con raíces en el house. Comencé como clubber en el Paradise Garage de Nueva York donde tocaba el house de Chicago y techno de Detroit y esa influencia americana se notaba en mi música cuando llegué a Europa. Aleix se acoplaba perfectamente a mi música y entre los dos hacíamos cosas diferentes. Ese era el encanto de Sideral.

“Apolo Es una referencia de la electrónica en Barcelona, no existe nada igual con tanta historia musical a sus espaldas”

¿Cómo era aquel ser ya mítico llamado Sideral que marcó una época en la escena de Barcelona?

El momento que viví con Sideral fue muy entrañable. Aleix ponía mucha pasión en todo lo que hacía pero al mismo tiempo era muy frágil, muy tierno. Él se sentía cómodo descubriendo cosas conmigo. Aleix venía de una familia burguesa, con dinero y tenía muchos sueños pero cuando le conocí todavía no tenía mucho contacto real con el mundo del que yo venía, de Nueva York, de grupos punk, de trabajar con música electrónica. En ese momento estaba surgiendo el indie que Sideral comenzaba a vivir. De él me gustaba su energía y como nos nutríamos mutuamente.

¿Cómo fue ese momento en el que Nitsa traslada su residencia a Apolo?

¡Fue un bombazo! Era el momento en el que ya estaba cuajando la cultura de clubs, el Sónar ya había crecido y Barcelona también empezó a crecer y atrajo a más extranjeros que iban a los clubs. El ambiente en el Nitsa Apolo se empezó a nutrir de un público más abierto, más mezclado y que vivía la noche de otra manera.

Después de los primeros años del 2000, que todavía fueron increíbles, la masa absorbió la cultura de clubs y coincidió con una Barcelona con muchas ganas de hacer cosas. La gente quería descubrir y se preocupa por hacerlo. Unos se nutrían de otros. Ibas al club a experimentar algo catártico, la gente simplemente se lo pasaba muy bien, iba a desfogarse, a expandirse, a mezclarte entre la gente y el DJ desaparecía entre ellos, bailabas con la gente, no mirando al DJ. Cuando comencé a trabajar tras mi regreso de Panamá, la gente me decía: “Pero tío, tú no bailas, tienes que hacer el show” y es así, todo el mundo pendiente como si vieran una obra de teatro o un partido de fútbol.

Fiestas Bots en las que Angel Dust pinchaba                               Fiestas BOTS

¿Qué es para ti Apolo?

Es una referencia de la electrónica en Barcelona, no existe nada igual con tanta historia musical a sus espaldas y que haya sido la casa para varias generaciones en un lugar como el Paralelo. Apolo es ese lugar al que siempre regreso. Es un icono de Barcelona.

De nuevo, retornas como cantante, esta vez con WarmGun, acompañado de dos músicos con gran experiencia en los escenarios, Cesc Pascual, guitarrista, y Marc Thió, batería. ¿Cómo surge esa necesidad de cantar de nuevo?

Hacía tiempo que no tenía la necesidad o la fuerza de lanzarme nuevamente como cantante y WarmGun surge en un momento en el que había encontrado al amor de mi vida y me dejó. Comencé a escribirle canciones a ella y se las enviaba al móvil. Volvimos y me volvió a dejar, ahora somos amigos. Cantar fue como una forma de exorcismo, una manera de canalizar esas emociones. Y Malcolm me inspiró mucho. En su día con ON quisimos ser más arty, hacer algo más loco, más psicodélico y Malcolm me decía que las canciones de amor y desamor son las más potentes, más universales, que tocan a todo el mundo. En ese momento no le entendí y no le hice caso, fue cuando me llegó el desamor y comprendí sus palabras. El desamor ha hecho las grandes canciones de la humanidad. Para mí, cantar es una forma de expresarme, de comunicar todo lo que soy. Sigo pinchando pero me siento más cómodo cantando, siento que quiero escribir, quiero cantar hasta que me muera. En el escenario puedo ser yo mismo.

Inside promete un viaje a los ochenta más dark en el que se respira reminiscencias poperas de Iggy Pop, Talking Heads o Bowie. Larga vida a WarmGun!

*Ho sentim, aquest contingut només està disponible en castellà
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